Hace algunos meses viajamos a la República Islámica de Irán. El relato de esa experiencia se vio reflejado en parte, en una serie de notas publicadas en el diario LA REPUBLICA de Montevideo, Uruguay.Pero algunas de las notas enviadas no fueron incluídas en el referido medio de comunicación, por decisión y criterio de su dirección y de sus editores.
Por ello y por compromiso conmigo mismo he decidido reunir todas esas crónicas-las publicadas y las no publicadas- mas algunos apuntes y reflexiones personales,junto a muchas fotos inéditas en un libro , ojalá que de próxima aparición.
Mientras tanto,adelanto la introducción y las primeras páginas de ese trabajo, para compartirlas con todos aquellos que se acerquen a este espacio de integración y comunicación.
De jóvenes y viejos
Llegué a Teherán en la madrugada del 2 de junio, luego de un largo periplo aéreo y largas y tediosas esperas en los aeropuertos de San Pablo (Brasil) y Munich (Alemania) para combinar los vuelos necesarios y lograr arribar finalmente a mi destino.
Sabía (estaba seguro) que encontraría a un país casi treinta años más viejo después de la revolución Islámica, cuando a fines de la década del setenta, con el liderazgo espiritual y político del Imán Jomeini, los iraníes gestaron una de las epopeyas sociales más trascendentes del siglo XX universal.
No mucho tiempo después de estar allí, comprobaría que aquella idea era un error: quién realmente estaba casi treinta años más viejo era yo, Irán por el contrario, aparecía casi treinta años más joven, vital, enérgico, saludable, y por sobre todas las cosas, en plena etapa de crecimiento y desarrollo. Muchos afirman que las naciones como los seres humanos medran con los años y luego de su nacimiento sobreviven su lógica infancia, transcurren su etapa adolescente, llegan a la juventud, se hacen adultas, y después, generalmente envejecen, algunas sabiamente y otras lastimosamente, muchas también fenecen y otras rejuvenecen luego de convulsiones feroces.
Si esto es verdad – y debe serlo seguramente ya que la historia no acepta la exageración retórica de la hipérbole - Irán es hoy por hoy – el Irán que encontré en pleno siglo XXI- una nación en plena juventud, pero que sin embargo ha sabido armoniosamente mantener en su ADN los códigos genéticos de su pasado esplendor, desterrando de su organismo social, aquellos gérmenes e impurezas, que en ciertas etapas de su historia amenazaron con su derrumbe.
Es más, casi que diría después del tiempo transcurrido allí, de la convivencia y la búsqueda, que Irán es la nación más joven del mundo, y la que está más cerca de alcanzar la utopía que moviliza a la mayor parte de la humanidad: la gestación del Hombre Nuevo.
Este trabajo es justamente por ellos, por los jóvenes de Irán y por los jóvenes de este otro lado del planeta, por todos ellos en quiénes estará el destino de la humanidad seguramente (si es que la demencia y la ferocidad del imperio norteamericano y sus socios europeos y sionistas en estos primeros años del siglo les dejan algo sin destruir por sus bombas o alguien con vida sin caer bajo su saña genocida).
Julio César Martínez (Juma)
2-El tiempo y el espacio
Estos son tiempos difíciles en el mundo. Cuando se dice algo así, alguien podría llegar a pensar que realmente alguna vez existieron tiempos fáciles en el planeta, que alguna vez el hombre y su ambición constante, reflexionó en paz y renegó de la guerra. Uno podría llegar a creer que en algún momento en la historia de la humanidad, prevaleció el amor por sobre todos los demás sentimientos y la equidad primó entre los hombres. Y este pensamiento me recuerda algo que una vez me narró un viejo profesor refiriéndose precisamente a la ferocidad del hombre devorador del hombre. Me contaba que un investigador convocado a escribir la historia de la humanidad por una importante editorial presentó sus originales que significaban veinte gruesos tomos en su totalidad. El editor le explicó que tal extensión era imposible por los altos costos que significaría su edición y le sugirió que eliminara alguna cosa de su trabajo que permitiera reducir la extensión del mismo. Días después, el historiador llamó a su editor y le anunció que había eliminado solamente una cosa y que su libro se reduciría a un solo tomo. Asombrado el editor le preguntó cómo había sido posible ello a lo que el investigador contestó: “muy simple, eliminé las guerras e hice referencia solamente a los tiempos de paz”.
Esta anécdota que escuché al profesor Carlos Pittaluga Vidal hace muchos años es más que ilustrativa de estos tiempos y todos los tiempos, de estos espacios y todos los espacios de la humanidad. Por ello vuelvo al principio cuando decía que estos son tiempos difíciles en el mundo.
Y en estos tiempos justamente llegué a la República Islámica de Irán, desde el sur americano, esta porción del planeta que muchos llaman occidente pretendiendo crear “ghettos” políticos, raciales, filosóficos y religiosos, seguramente para establecer sus contornos de prevalencia y dominio, con la misma salvaje e instintiva reacción de aquellos felinos que liberan sus esfínteres para marcar los límites de sus territorios ante la posible intromisión de extraños que puedan poner en peligro su liderato.
Filosofía geopolítica que no es otra cosa que una versión contemporánea de aquella doctrina de Fernando VII que desde el trono imperial de Castilla, instaba a los virreyes y gobernadores de sus colonias, a “dividir para reinar”, fundamentando el concepto con prebendas para unos y latigazos para otros, injurias y denuestos de ida y vuelta, entre aquellos que de una forma u otra pudieran amenazar a la estabilidad de la Corona española en sus dominios de ultramar.
Filosofía también que no está exenta de un profundo sentimiento racista. Basta observar nada más en poco más de medio siglo de historia en el planeta, la “congoja mundial” que provoca la recordación de las víctimas del 11de setiembre en New York cada año – víctimas “occidentales”- y lo que en el mismo espacio político y social acontece respecto a las víctimas “orientales y amarillas” de Hiroshima y Nagashaki en Japón.
“Congoja” promulgada desde los escritorios ampulosos de quienes manipulan la información, y que no son tan dramáticos ni febriles cuando de referirse a las víctimas de Vietnam, Corea, Palestina, Irak, Afganistán, Líbano o de cualquiera de los tantos países vilipendiados a lo largo de la historia por la barbarie de las tropas estadounidenses o de sus aliados circunstanciales o permanentes se trata.
Doctrina “occidental y cristiana” que presenta como algo demonológico, a toda aquella confesión espiritual ajena al Vaticano o a las iglesias mediáticas de pastores, supuestos evangelizadores, agentes encubiertos de la CIA y del Pentágono y las sinagogas ortodoxas del sionismo internacional, por ser ajenas a la “Mafia Ecuménica” que antepone a la auténtica espiritualidad, los intereses del capitalismo y las multinacionales.
Desde este “occidente” corrompido en sus estructuras institucionales por la banca judía encubierta en los mostradores de las financieras yanquis, desde este continente sudamericano donde a pesar de todo siguen alumbrando estrellas libertarias desde el Caribe Cubano hasta los llanos bolivarianos de Venezuela, y proyectándose hasta el altiplano boliviano y en la larga y permanente lucha de los pueblos que no aceptan un futuro igual al que desde hace más de 500 años nos impusieron con la espada y la cruz, los soldados y las sotanas de la España Imperial, desde este lugar preciso del espacio y del tiempo, llegué en plena primavera a Teherán, capital de la República Islámica de Irán, y es de ello que precisamente quiero narrarles.
De todo aquello que encontré allí, de sus hombres, sus mujeres, sus paisajes, su cultura, pero también de sus flores, sus panes exquisitos, su azafrán y sus especias aromáticas, y además de sus científicos, sus soldados, sus poetas, sus palomas y sus cuervos conviviendo en los frondosos jardines aledaños a las montañas.
3-
A pesar de la barrera del idioma, que muchas veces parecía tornárseme infranqueble, intenté y logré comunicarme con hombres y mujeres iraníes. por que más allá del lenguaje y la escritura, hay un idioma universal que se trasmite por los ojos, los gestos e incluso los largos silencios."Latinoamérica" era la palabra casi mágica para definir de dónde llegaba, y luego comprobar que Irán es quizás el único país del mundo que no nos conoce por el Maracanazo del 50, por las playas de Punta del Este, la carne libre de aftosa por vacunación ni por otras virtudes o defectos, sino por el arroz Samán. Es decir Uruguay es para el común de la gente en Irán, una bolsa de arroz. Y puedo asegurarle que en pueblos como este, una bolsa de arroz es más importante que el mundillo puntaesteño,o el golazo de Chiggia a los brasileros en el 50.
Hombres y mujeres tienen casi siempre una sonrisa o un gesto amable ante su interlocutor. Se interesan por todo y por todos, y se muestran absolutamente solidarios cuando de prestar un servicio o informar de algo se trata. Profundamente espirituales, temerosos de Dios , visceralmente creyentes ,los iraníes son gente de paz y conforman una sociedad en la que la justicia social es algo más que una definición meramente retórica como sucede en la mayoría de los países de este continente. Es un pueblo también con un acentuado principio de identidad, y solamente esa ancestral convicción de rescatar, proyectar y promulgar las raíces de su perfil cultural, le ha permitido sobrevivir por más de tres mil años a
constantes invasiones foráneas, muchas de las cuales intentaron arrasar con sus orígenes y despersonalizarlos, obteniendo como consecuencia de tales propósitos, exactamente lo contrario, porque muchos de sus conquistadores militares, fueron a su vez conquistados por la cultura primigenia de Persia.
Y no dudo que allí, en esa condición, y en su enorme fe en Dios, radica su mayor fortaleza.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados